Es la pregunta que ronda mi cabeza esta tarde de viernes gris , cuando los transeúntes pasan abstraídos por la llegada del impetuoso fin de semana, mientras que yo padezco el horrible fenómeno de la hoja en blanco que me impide escribir.
Respiro profundo y muerdo mis uñas nerviosamente como lo hizo ese 23 de agosto de 1973 Oriana Fallaci, cuando se encontraba a pocos minutos de conocer a Alejandro Panagulis, fiel oponente de la dictadura política que se ejercía en Grecia y que a lo largo del tiempo deja de ser su entrevistado para convertirse en su compañero sentimental.
Alekos como lo conocían sus amigos y la policía, era un hombre lleno de contradicciones, sorpresas y un mundo cargado de nostálgicas que encarna la mejor de las historias, toda su vida se había cercado de dolor, su cuerpo confirmaba sus innumerables torturas y cada cicatriz describía la crueldad de sus enemigos.
Es impresionante como, al igual que él, su familia estaba teñida por la tenacidad de sus pensamientos, como su madre hace refencia a una imagen recta y arraigada a sus propios juicios que me deja sin palabras cuando con la siguiente exclamación se refiere a sus hijos: “los árboles mueren de pie”[1]. Además como su antepasado era una trayectoria de grandes y revolucionarios héroes que constituyeron la historia y enmarcaron su nombre, Alekos.
Entre poesías y rosas Oriana Fallaci empieza a descubrir grandes secretos, entre ellos conceptos y juicios que tiene este ser, para no tener miedo a morir, para relacionar su vida con un extenso viaje donde esa nave, esa tripulación y esa luz que siempre se debe seguir, hacen parte de una constante aventura que transcurrirá sin detenerse hasta su fin, directo a la muerte.
Una vida que aunque parecía normal, era cuidadosamente vigilada, pero eso no le importaba a ella, su amiga quien había recibido ese calificativo después de una continua compañía, de unas noches degustando unas exquisitas cenas y de algún otro pensamiento compartido. A partir de estos momentos Oriana Fallaci y Alekos comenzaron una perseguida y hostigada historia de amor donde todas sus aventuras y desventuras quedaron plasmadas por la periodista en su novela titulada Un hombre, en la que detalla todas las vivencias de su relación e incluye la narración de la tortura, la liberación y el asesinato de su amigo y su amante Alejandro Panagulis en 1976.
Los libros de Oriana Fallaci son una influencia notoria de cada acontecimiento vivido, entre sus historias quedan inmersas las vivencias de Alekos y con ellas la política, el gobierno dictador que él transforma luego de ser elegido diputado y acompañado de su reconstruida organización llamada Resistencia helénica.
Después de ser héroe y víctima, valiente y temeroso, hábil y tenue, después de sus innumerables actuaciones, su nave y con ellas sus tripulantes echan su ancla, el deseo, los efectos y el merecido reposo son algunos de los sospechosos de su muerte, pero se cree que el acusado principal será su cualidad valerosa que le impidió dejarse intimidar.
Es entonces en esta parte de este escrito donde quiero citar uno de mis pensamientos concebidos a partir del texto:
Esta entrevista no es una historia muy alejada de nuestra realidad, contextualizándola podríamos hallar algunas identidades con cierta similitud, no declaro que muchas, pero sí podremos encontrar varios patrones asociados al carácter de este hombre, individuos ajenos a la satisfacción que nunca aprenden a reír ni mucho menos a llorar y que limitan su vida a luchar con las discrepancias, sin enterarse de que son ellos los únicos responsables de su tribulación.
Pero este es un asunto que es necesariamente relevante, con el paso del tiempo nuestros referentes como seres humanos se transforman y adquieren una nueva apariencia, es así como también debe reconfigurarse nuestro criterio para definir ¿qué significa ser hombre? y para contrastar nuestra subjetividad con la diversidad de nuevos criterios. Ser hombre significa creer en la humanidad este hace parte de uno de ellos.
Terminé de escribir, es un término que no podría emplear en la creación de texto escrito y mucho menos cuando se trata de plasmar mis interpretaciones, es por esto que debo despedirme haciendo una pausa en la composición de este escrito y coincidiendo un poco con las palabras de Oriana Fallaci.
Diría que escribir es lo que tú eres, hasta pronto.